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FF Hei/Ed ~ 1. There's nowhere else tonight we should be
lyan_chan

Ok, ayer empecé con la tabla de [info]haz_musica, y escuchando a Keisha, me sentí extrañamente inspirada. Este es el resultado : D. Es mi primer Yaoi, así que no seais duros ;A;

Cantautor: Lyan_chan
Canción:  Full Metal Alchemist
Música: Edward Elric & Alfons Heiderich
Letra: There's nowhere else tonight we should be



1. There's nowhere else tonight we should be

 

Edward y Alfons no creen en el tipo de amor que lleva a una cursilería romántica y barata, que tanto se ve en la televisión de la época. Su relación es más compleja y profunda, pero igualmente delicada, porque al más mínimo soplo de aire, puede irse volando. Que Alfons muera por su enfermedad. Que Edward regrese a su mundo. Ese tipo de cosas que demuestran que no están tan conectados cómo querrían. Y aunque en el fondo lo saben, y es inevitable, duele igual.

Es su aniversario de ‘noviazgo’. Casi seis meses desde la primera vez que Alfons se abalanzó sobre Edward tras una ducha, incapaz de soportarlo más. Pasaron por todo tipo de problemas. Cómo ocultar su relación a los demás, como aprender a comportarse en la calle y cómo aprender a sobrellevar una relación cómo la de ellos. Edward apenas se abría a Alfons, y este se desesperaba. Poco a poco fue haciéndolo. Venía de otro mundo. Su hermano era una especie de ‘clon’ exacto a Alfons. Le quería de verdad, a él, a Heiderich.

Fueron muchas, las cosas que tuvo que asimilar el alemán. Pero lo consiguió, y ahora, mira el calendario y se pregunta: ¿Qué puedo regalarle? Por supuesto, queda descartada totalmente la opción de salida fuera. Nadie puede ver que son pareja. Se le ocurre quizá en una noche especialmente caliente, pero sabe que los implantes de Edward comienzan a fallar y no está de humor para algo así.

Entonces piensa en cocinar. No es que se le dé de maravilla, pero sabe manejarse. Quizá una cena agradable, con las típicas velas, algo de vino…

Alfons se siente estúpido. Sin duda ha visto demasiada televisión. Nunca pensó que sería capaz de caer en toda esa cursilería. ¿Vino? ¡Pero si apenas pueden pagarse el alquiler! Suspira. Edward tendrá que conformarse con algo sencillo, simple. Decide ir a casa de Gracia, la casera, para que le ayude con alguna receta de cocina que no lleve leche. Gracia lo mira curiosa, y le pregunta para quién cocina. Acostumbrado a todo tipo de preguntas, Alfons responde que para su madre, que le enviará un pastel.

Gracia sonríe. Sabe perfectamente que está mintiendo.

Le enseña a preparar una tarta de manzana que no lleva leche, y le explica claramente cómo hacerla. Aún así saldrá cara. Tras la guerra, los precios suben de forma escandalosa y se avecinan malos tiempos. El alemán va al mercado y compra todo lo que puede con el poco dinero que les queda. Un mes más sin pagar a Gracia. Menos mal que la amable mujer tiene compasión.

Se pasa toda la tarde cocinando, deseando que la tarta quede bien, pues no puede permitirse que le salga mal, ya que ha gastado todas las manzanas. Mientras la tarta se hornea, Alfons intenta limpiar la casa, pero no sirve para ello, así que se rinde. No sirve para amo de casa, es un científico. Un académico. Un académico despedido, sin trabajando, y sin poder diseñar cohetes. Con la guerra, muchos hombres han sido recortados de las plantilla, y Alfons no tardó en ser despedido. Edward consiguió aguantar a duras penas, pero con el dinero que recibe no les da apenas para llegar a mitad de mes. Es una vida dura.

La tarta termina, pero Alfons perdido en su pesimismo, no se da cuenta. Para cuando quiere acordarse, el tufillo a quemado ya no se marchará.

 

. . .

 

Edward está muy enfadado. Enfadado consigo mismo, por lo patético que se siente. Pese a ser una cursilería, y algo que no pega en absoluto con él, quiere hacerle un regalo a Alfons por su aniversario. Se lo merece. Lo quiere de verdad, y soportarlo durante seis meses es todo un record. Y más cómo amante.

Al principio piensa en comprarle algo bonito, una camisa nueva (las suyas, viejas y desgastadas ya dan pena) o una corbata, pero todo suena muy típico, y es demasiado caro. Luego piensa en un poco de buen sexo, pero sus prótesis ya empiezan a dar guerra, y Hoenhaim anda desaparecido. ¿Dónde se mete ese maldito viejo cuando se le necesita? Nadie lo sabe, pero Edward está que trincha.

Quizá simplemente, podían pasar la noche juntos, hablar, reír un poco. ¿Celebrarlo con algo de Whisky? El Whisky es el único licor barato que corre por Múnich. Entonces, mientras camina por la calle, ve a una ancianita escuálida que vende flores. Muy, muy baratas. La observa hacer equilibrios con esos enormes ramos de flores frescas, y ve rl regalo ante sus propias narices.

—Deme un ramo de rosas rojas.

Lo guarda bajo el brazo, y silbando, casi danza hasta el laboratorio. Las cosas parecen mejorar un poco.

Pero cuando llega al almacén, las cosas se tuercen un poco. Bueno, un poco. Eso al principio. Luego más y más. Sus compañeros le dicen que es el cumpleaños de Hans, y que los acompañe esa noche, que van todos al bar. Que Hans invita y será una gran fiesta. Edward se niega y empiezan las quejas, pero él los ignora. Es su noche con Alfons y nadie la estropeará.

Miran su ramo de rosas rojas, y todos los hombres alzan las cejas. Es un secreto a voces que algo extraño pasa entre Elric y Alfons. Pero prefieren difuminar la realidad, y creer que Edward tendrá una cita con alguna agradable rubia de la zona.

Así que se sonríen entre sí, y le dan consejos.

 

. . .

 

Alfons se siente hecho mierda. La tarta se ha chamuscado, la casa sigue echa un asco, nada sale como debiera, y él sólo quiere ver a Edward de una vez para que su día cobre algo de sentido. Ya son las diez y aún no llega. Se sienta en la mesa, dónde en dos pulcros platos, descansa una sopa pobre, y un pedazo de tarta negruzca. Dos pequeñas velas le intentan dar ambiente a la habitación, pero apenas iluminan.

Un desastre.

Suspira derrotado, y esconde la cara entre las manos. En fin. Sólo es un estúpido aniversario. Tampoco importa mucho, ¿no?

Oye la puerta abrirse en el recibidor, y los característicos pasos de Edward por la cojera, cada vez más notable. Alfons ni se molesta en alzar la mirada, pero cuando lo hace, no sabe si reír o llorar. De felicidad. Edward se encuentra –por alguna razón—  colorado y avergonzado, pero bajo su brazo, descansa un ramo de rosas rojas, algo espachurrado, un poco roto, y con algunas marchitas.

Para Alfons, es perfecto.

Edward observa la cena en la mesa, la pobre presentación y la tarta quemada. Piensa en lo que le habrá costado al pobre Alfons todo aquello, y sonríe feliz. Se ha preocupado por él. Alfons le abraza con cuidado y coge las rosas, aspirando su aroma contaminado de humo. Antes de que mueran, las pone en agua. Entonces se sienta en la mesa para comer su pobre cena, pensando en que Edward no se la podrá ni tragar. Ante los ojos incrédulos del alemán, Edward se come una ración de tarta de un solo mordisco, la traga y sonríe de forma pícara.

—Estaba deliciosa. Y como ahora ya hemos comido…deberíamos saltar al postre.

Después de todo, sus implantes tampoco están tan mal.

Y, después de todo, la noche termina siendo muy agradable.

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No sé muy bien de dónde saqué la relación con la canción, pero debo decir que lo he intentado xD.

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